De las mil cosas que te pueden pasar estando a dieta la peor, sin duda, es estar de vacaciones. si a eso, encima, le sumamos el hecho de cumplir años durante el periodo vacacional, el desastre está servido. y como un desastre no es más que aquello que se empeña en suceder mientras tu te esfuerzas por evitarlo... ¿para qué estar con sufrimientos?
así que, como no: he pecado padre... y ni jane fonda ni Eva nazarre podrían haberlo evitado.
y no lo podrían haber evitado porque llevo planeando este dulce (y nunca mejor dicho) momento hipercalórico como si de un plan de batalla se tratase:
1º) asegurarme de que cuento con el beneplácito del equipo oficial de censura del carbohidrato: mi novia (te quiero)
> oye, ¿tú sabes que el día de mi cumpleños, por una extraña alineación planetaria, las calorías cuentan del revés? salió anoche en el telediario de antena3 (total, ya no tenían ningún tipo de credibilidad antes de esto)
2º) notificar al equipo oficial de mimos a granel las intenciones de obtener unos productos de primera línea hipercalórica
> mami, que rica tu tarta de chocolate, hace tanto que no como ninguna.... (suspiro enternecedor)
3º) buscar el apoyo de las masas al golpe de estado, o lo que es lo mismo, convencer a mi hermano pequeño para que muestre un total entusiasmo con la idea de la tarta.
al final, y embriagado por el poder y las perspectivas de azúcar, me envalentono y, buscando un total apoyo por parte del sujeto novia, juego mi mejor carta: ¿sabes que mí madre hace un pudin de manzana que te afloja el esfínter? (tooooomaaaaa)
así que, como no, el día trece vuelve a ser un día de buena suerte para mi muajajaja (risa maléfica)
amanece en la sucursal lanzaroteña de villa tocino, el día trece de agosto, con unas inmejorables perspectivas de pecado capital nº 2, a saber: la gula. despunta el día con un refulgente desayuno sin contador de calorías y me siento como la chica del anuncio de herbal escense al tener ante mi toda esa libertad, esa carta blanca... mierda: ¡debería haberme levantado antes!
al llegar a casa de mi querida madre observo con deleite que ha cumplido con el objetivo y no hay una, sino dos tartas de cumpleaños... me entra la risa tonta y oigo como se abre una especie de cajón olvidado en el fondo de mi cerebro provocandome euforia y verborrea: ¡me acabo de acordar de todo lo que me gusta y no puedo ni oler! yupi! así que sin dilación preparo un menú que haría las delicias de bud spencer... ay! lo gordito que estaba y soltaba unas hostias como panes... mmm ¡quiero pan!
sé que es una crueldad transcribir mi pecado, porque muchos de los que leen todo este desvarío están, o lo intentan, a dieta. pero si hay una cosa que tenemos que tener clarita, es que esto formará parte de nuestra vida y, seamos sinceros, una de las cosas buenas que tiene estar a dieta es ¡saltársela sin remordimientos!
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